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Mi particular periplo salvaje comenzó sorpresivamente horas antes de estar en la capital londinense. Mientras terminaba de hacer la maleta anunciaron, vía Twitter, un mini acústico en el salón de una casa de Londres – el sueño de muchos fans – para unos pocos privilegiados, que veíamos disfrutar de lo lindo, online, y todo gracias a la iniciativa de Sofar Sounds. Interpretaron cuatro temas: Hacia lo salvaje, No sé qué hacer con mi vida, Antártida -con nuevo y bonito efecto- y Cuando suba la marea, que desató la curiosidad de los participantes en el chat de Facebook, donde nos habíamos congregado algunos seguidores, españoles y extranjeros, que preguntaban acerca de los títulos de las canciones que estaban escuchando en directo. Buen aperitivo para ir entrando en materia, con la perspectiva de un eléctrico a pocas horas. Rosita, mi cámara, viajó conmigo pero fue interceptada junto a otras cámaras, el control era férreo.
Pero vayamos al concierto en el HMV. Sobra decir que triunfaron, bastó ver el gesto victorioso de Eva al salir al escenario con el puño en alto, tal era el abrazo del público, que se mantuvo así toda la noche. La gran sala, preciosa, con rica y elegante ornamentación, debió ser un teatro en sus inicios, y que casi se llenó, arropó un setlist sin sorpresas, si acaso la ausencia de momento acústico, al modo de los que hemos visto en esta gira salvaje. Entrega del público total, obsequios kamikazes a mansalva y piropos en inglés, también.
Escucharles en los mejores auditorios de España ha elevado sin duda el listón, y comparado con el primer concierto del año pasado en la Sala Scala, este sonó mejor, aunque no como esperaba. Tal vez la respuesta esté en que no estaba “¡Miguel Tapia en el control de sonido!”. Tampoco las luces de la habitación debieron correr a cargo de su habitual técnico. Sólo Eva, y a veces ni ella, recibían la cantidad de luz necesaria. Jaime estaba directamente en la penumbra, y no había mucha coordinación entre la canción y las luces. Tampoco vimos a los músicos entrar cual sombras chinas tras la mirada imponente del lobo, ni las hermosas proyecciones apoyando la puesta en escena… y es cuando faltan cuando te das cuenta de lo importantes que son. No sonó Moon River puntualmente después de la reverencia, para despedir a la banda.
Detalles anecdóticos, sin embargo, comparados con la entrega por parte de todos, la voz impecable de Eva, su energía y sorprendente agilidad felina, su gracia improvisando los títulos en inglés, riéndose de sí misma, y, en definitiva, esa manera única que tiene de conducir la noche, no deja lugar a reproche alguno.
Los de Zaragoza hace tiempo que han devuelto la esperanza al panorama musical actual con su colección de canciones como soles, que fueron coreadas en su totalidad por los que estábamos allí. Eso es lo que se vio en Londres, una banda que crece sin prisas y con paso firme, arropados por la pasión que desatan en sus seguidores, de aquí y de allí. Ahora es el turno de nuevo para París, Alemania, Estados Unidos y América latina. Una legión de fans ávidos de Amaral en directo les están esperando. Está claro, estos mañorquines, donde van, triunfan.
Dice Juan Puchades que está en proceso de recuperación después del exceso emocional que “sufrió” la noche del miércoles, y respiro aliviada… digo yo que si un primera espada, que se supone curtido en estos temas, se sigue conmoviendo al escucharles, ¿qué no le ocurrirá a una seguidora rasa como yo? Pues eso mismo o peor.
Puchades estuvo fino, además de conducir la charla con tablas y una gran dosis de humor y naturalidad, tuvo la gran idea de pedirles “Nada de nada” de la gran Cecilia, y ellos, encantadores hasta decir basta, accedieron a retomar esa joya que ya no contaba yo con escuchar en directo.
Ya os ha contado Laia –con todo lujo de detalles- como fue y qué pasó. Poco que añadir, o quizás mucho, pero directamente, en imágenes. Grabé de tres tacadas y casi íntegramente la charla. Y digo casi, porque no contaba, tampoco, con que se alargaría más de dos horas, y me quedé sin reserva analógica. Y es que cuando se trata de ellos nunca hay que dar nada por sentado. Ya debería saberlo.
Aquí tenéis parte de las dos horas y media que duró el encuentro, que tuvo de todo: debate, humor, ironía, y mucha verdad, en el repaso a su carrera en la que Eva, acompañada de su INSEPARABLE Aguirre –recordemos que admitió estar atado a ella irremediablemente-, se sumergió a pulmón en una selección Serie Oro. Difícil que no lo sea con el repertorio que tienen.
Tarde hemos sabido que podríamos haber interactuado con el dúo, preguntando u opinando, eso y que en general el público estuvo silencioso y atento, cosa que se agradece muy mucho, hizo que la espontaneidad se viera algo coartada. Si Laia y yo pillamos el micro, bueno… siempre hay cosas para preguntar al dúo maño.
En cualquier caso, todo lo acontecido en la Sala Matisse no nos descubre quiénes son Eva y Juan, simplemente lo confirma.
Las charlas-concierto de Efe Eme Valencia, Sala Matisse, 11 de abril de 2012
Recién llegada de Valencia mi intención era de descansar. Sin embargo, mi cabecita, en constante estado de ebullición, no dejaba de darle vueltas a todo lo acontecido ayer por la noche en la Sala Matisse de Valencia, en las charlas-concierto de Efe Eme, esta vez con Amaral entrevistados por Juan Puchades, todo un lujo. Impresionante, es la palabra que me viene a la mente. Estuvieron bárbaros, divertidísimos, espontáneos y geniales. ¡Y pensar que en la primera fecha de ese encuentro (28 de marzo, antes de que lo aplazaran) yo no iba a poder ir! En fin, creo que puedo decir que soy una de las afortunadas 150 personas que pudieron gozar de las dos horas y media de buen rollo, risas, buenísima música, calidad y calidez del dúo maño.
Fue una noche de repaso a toda su carrera musical. Hablaron de todo, sin tapujos, con honestidad y, sobre todo, con esa humildad que les caracteriza, nada de divismos. 17 fueron los temas que cantaron (faltó Robin Hood, que a pesar de estar en el setlist no la tocaron), entre los cuales había joyitas rescatadas como el Nada de nada de Cecilia (aún no me creo haberla escuchado), eso sí, con Eva sosteniendo la letra. Y también Tardes, cantada por Juan; ¡cómo nos gusta escucharle… aunque se equivoque! Y es que esa es una de las cosas que más me gustan: que son capaces de cantar, equivocándose, y hacernos reír y disfrutar más que si no se hubiesen equivocado. ¡Son la leche!
Hubo momentos de la entrevista en que Eva hasta se daba golpes contra el micro al escuchar a Juan hablar, “no tiréis a Juan de la lengua….” decía. Juan estuvo brutal, parlanchín como pocas veces le he visto, y Eva con esa dulzura que la caracteriza pero también muy irónica y suelta en sus respuestas. Se les veía cómodos y con ganas de más. Total complicidad y reciprocidad entre ellos dos, y mucha admiración mutua con Juan Puchades. Yo, personalmente, aprendí muchísimas cosas que nunca antes me había imaginado, como quién escribió algunas letras, o como surgieron algunas canciones, o de cómo empezaron a convivir con la fama… Y siguen siendo ellos, Juan y Eva, Eva y Juan, dos maños que empezaron sus carreras en Zaragoza y Madrid y que siguen ahí, siendo exactamente los mismos, puros al 100%.
Por lo que a momentos musicales se refiere, el público estuvo bastante callado hasta que poco a poco nos fuimos atreviendo a cantar algo y acompañar con palmas, lo que Eva agradeció con ganas. Y es que daba miedo cantar, la acústica era perfecta, sin ningún eco, y a mí en algún momento me daba la sensación de que estaban cantando justo al lado de nuestros oídos. La voz de Eva, como siempre, envolviendo todo. Y volví a salir con la misma sensación como si la acabara de escuchar por primera vez en la vida. ¿Cómo es posible eso? Es esa magia que proyectan y que no logro entender, aunque no sé si quiero entender. La magia es eso, magia, y es lo que la hace brillar. Y preciosas palabras le dedicó Juan, referentes a su voz y a componer con ella: no se imagina componiendo con nadie más. “¡Pero esto no es bueno!”, espetó ante el aplauso de la gente y el “ohhh” generalizado. Y yo le entendí más que nunca: es como cuando voy a ver otra gente cantar, y me gustan, me encantan, pero no cantan como ellos, no tienen la cristalina, penetrante e imponente voz de Eva ni las guitarras de Juan. No es nada bueno, Juan, no. Como seguidora no, porque el listón está demasiado alto.
Una vez más, de vuelta a casa en avión, feliz de salir de mi isla para disfrutar de The Amarals. Esto que vivimos no tiene precio, para todo lo demás… Y ahora sí, después de soltar lo que rondaba por mi cabecita, intentaré dormir. Espero que no fuera un sueño… Bona nit!
Nota previa de amaral-online.net: este concierto se celebró el día 13 de enero. Nuestra cronista Megg había preparado la crónica tan sólo unos días después, pero por un misterioso problema tecnológico – ay, la tecnología, tan buena unas veces y tan complicada otras – los emails intercambiados ese día entre ella y yo (Jorge) no llegaron a su destino. Ese es el motivo por el cual la crónica no fue publicada el mismo mes de enero. Otros quizás no la hubieran publicado dos meses después, pero os aseguro que merece la pena hacerlo. Se trata de una crónica especial, que además de acercarnos a lo vivido en el Auditorium de Palma aquella noche, muestra el punto de vista de terceras personas sobre el grupo. Además, está hecha con muchísimo cariño y sólo por eso ya merece la pena leerla a fondo. ¡Gracias Megg!
Que algo salga bien no depende nunca de un solo factor, y la noche del 13 de enero se unieron algunos que dieron como resultado una concierto mágico. Cuatro meses después del inicio de gira el grupo está en un punto álgido, así pues la banda sonó segura, contundente y engrasada.
La frontwoman, de impecable voz sin fisuras, un torbellino, pasión pura. Tener en la banda a dos componentes sexies, “amigos y residentes en Mallorca”, arropados también por sus seguidores sadies añadió sin duda un plus de emoción. Toni y Jaime de nuevo ante el público mallorquín, pero esta vez acompañando, orgullosos de ello, a los maños. ¡Quién les hubiera dicho cuando se conocieron por casualidad en un garito de Palma, después de un concierto de Sexy Sadie, al que acudieron Eva y Juan al cancelarse su actuación en las fiestas de San Sebastián por la inoportuna lluvia, que un día girarían juntos!
Pero vayamos al tema. Un Auditòrium de acústica impresionante que llegaba a todos los rincones por igual, con un patio de butacas que explosionó nada más empezar el concierto, desde la platea hasta la última fila del anfiteatro, no podía ser de otro modo, pocos aguantamos sentados el salvaje vendaval. El feedback, la entrega por parte de banda y público fue total, constante, y se movió vertical y transversalmente, aquello era una olla a presión. La banda, junto a una Eva que no dejó de sonreír en toda la noche, recogían esa energía y nos la devolvían amplificada mientras desgranaban el setlist, con las doce consabidas novedades y los himnos incombustibles que también provocaron olas de griterío enfervorizado.
Anécdotas divertidas, muchas. Piropos y peticiones en medio del silencio, más. Como una invitación a Eva para que, después de verla pasear por los pasillos de la platea, subiera también al anfiteatro, incluso alguien se ofreció bajar a buscarla y subirla en brazos…
El comandante “Rocillo”, productor en su momento de “Ceci Ceidi”, también apareció en escena en otra divertida anécdota, la maña estaba inspirada, mientras ovacionábamos a la lejendaria banda mallorquina.
O Aguirre, que ¡por fin! se decidió a presentar a quien siempre se queda sin ser presentada, cediendo tal vez por agotamiento a nuestras recurrentes peticiones.
Y la sorpresa mayúscula que nos llevamos cuando Eva se acercó a nosotras, micrófono en mano, para invitarnos a cantar la frase final de Días de verano… una servidora estaba grabando, no daba crédito y no reaccionó a tiempo, pero Laia sí estuvo al quite y tuvo su minuto de oro. Entenderéis que para nosotras sea un recital irrepetible, y es que, además de todo lo contado, algo pasa con ellos, algo que todavía no sé definir. Recurriré pues a quien, sin saberlo, pone palabras a lo que siento:
“Toda relación del hombre con el mundo, se hace a través de los cinco sentidos. Sumergirse en el mundo de la magia es descubrir sentidos desconocidos”.
Amigos, compañeros de trabajo, familiares, fueron testigos y compartieron conmigo esa noche, aconsejados, “intrigados”, incluso algunos lo hicieron “in extremis” sacando la entrada un día antes. De ellos he recogido sus impresiones, que me han llegado en una vorágine de llamadas y mails, como cabía esperar. Dejo aquí su visión desde otra perspectiva, tal vez más objetiva que la mía.
Catt (mi hermana pequeña): Después de verles en Londres y Sonorama dice que ha visto a la banda en su punto, sonando espectaculares, en un recinto de acústica impecable. No deja de repetir lo grande que es Toni Toledo. Catt se fija mucho en la percusión, siempre que escuchamos sus discos juntas hace que preste atención. Ve este concierto como un punto de inflexión desde el que sólo les queda disfrutar y recrearse en añadir detalles a lo que rasca ya la perfección. No puede, ni quiere, ponerse el disco, porque resuenan en su cabeza los ecos, matices, arreglos diferentes que escuchó en el recital y sobre todo la emoción de escuchar las canciones en directo. Está asombrada por como han conseguido trasladar fielmente la atmósfera del disco al directo. Bucea en la red de manera recurrente en busca de youtubes.
Kikk (mi hermana mayor): Su tercer concierto de Amaral. Los vió en el Palma Arena y en la Plaza de Toros con GN·DR. Esta vez no quiso que mis sobrinos se lo perdieran, y algo tuve que ver yo también, claro. Bajó en Revolución a saltar con la primera fila. Desde que les sigo que me mira con cierto escepticismo, como si dijera “no hay para tanto”… Ahora en su coche no deja de sonar el cedé, y ayer comprobé que ya se las sabe todas.
Mis sobrinos: Durante el concierto no pestañearon, les estuve observando, y sobretodo en Robin Hood, donde Eva sentó frente a ellos, estaban boquiabiertos. Hacia lo salvaje y Van como locos son sus preferidas. Le hicieron llegar a Eva, a través de mí una rosa cada uno. Se quedaron con las ganas de una foto, pero les pudo la timidez. Quieren saber cuando volverán a Palma.
Mi madre: Me ha llamado cada día, y no para preguntarme qué tenía para comer, como es habitual. Era su primer directo de los maños, sentía una enorme curiosidad por comprobar que es eso que tienen que hace que su hija tenga la tarjeta de Amaral Airlines cargada de puntos. Disfrutó con las “antiguas”, y de las nuevas la dejó impactada Robin Hood, no se esperaba tener a Eva tan cerca, cuando me giré mi madre tenía el cuerpo en tensión echado para atrás. No deja de repetirme que Olvido es la canción que toda madre desearía que le dedicaran, y la sobrecogió el “llanto” de Eva al cantarla.
Margalida (una amiga): Desde las últimas filas del anfiteatro afirma que el sonido llegaba potente y cristalino. Para ella fue un conciertazo, y la sorprendió lo parlanchina y divertida que estaba Eva, tenía un recuerdo diferente del Palma Arena, con una Eva más “seria”. Y es que hubo momentos desternillantes. En definitiva, que se notaba que estaban cómodos y felices entre los isleños. Le pareció un show completo, convincente.
Ruth (compañera de trabajo): Tuvo la suerte de quedarse con la localidad de Margalida, justo detrás de mí, en la segunda fila, y se animó a grabar Kamikaze mientras yo saltaba. Nunca les había visto antes. Los conoce porque después de darles la brasa explicándoles lo mucho que disfrutaba de seguirles, me pidieron que les grabara un cedé variado del grupo. Ella y su pareja lo tiene trillado ya… Ruth quedó más que encantada de haber venido, y lo que suele ocurrir: la impactó fuertemente la voz de Eva. “Avísame cuando vuelvan por aquí, avísame”.
Matilde (compañera de trabajo): La llamé el día que salieron a la venta las entradas, y lo típico, se le fueron pasando las semanas y se encontró el miércoles antes sin entrada y sin saber qué hacer, pero… se paró a preguntarme cuando salía de trabajar y ¡pffff! imagino que le di el empujón final para que se decidiera. Tuvo la suerte de pillar una localidad bien cerca del escenario, que casualmente se había quedado suelta. Nos saludamos después de la función y me dijo que estaba maravillada por lo elegantes y enérgicos que le habían parecido los amarales y su nueva banda. Que ahora que los ha visto en esta gira no se perdonaría habérselo perdido.
El autobús que me lleva a Granada pasa por lugares que me traen buenos recuerdos. Lugares a los que me llevó la música y de los que, curiosamente, lo que recuerdo son las personas. Las apuestas absurdas y las rutas turísticas por carreteras comarcales. Las improvisadas serenatas nocturnas en las que se daban combinaciones improbables y en las que, mientras alguien escanciaba sidra, una flauta travesera, una guitarra eléctrica y unas castañuelas ponían la banda sonora. Al final del trayecto me espera hoy -cosas de la vida- alguien que en aquellos días estuvo muy presente… Porque no estaba. La música vuelve a ser accesoria. El medio del fin. Dos horas de setenta.
Pero no os preocupéis. Sé que a vosotros eso no os interesa; habéis venido a ‘hablar de vuestro libro’. Podéis seguir leyendo tranquilos. Prometo no hablar aquí de la Alhambra. Ni de las cañas. Ni de los largos paseos por Granada. Aunque a veces parezca que esté todo dicho, voy a hablar una vez más de ellos. De dos maños que tienen la habilidad de revolucionar un patio de butacas con un par de estribillos y un puñado de riffs de guitarra.
En Granada la revolución no fue menos. Al revés. Fue de las noches del más. De esas en las que el público es medio concierto. Nos les dio tiempo pisar las tablas a Juan, Eva, Toni, Chris y Jaime cuando la gente ya estaba en pie y dispuesta a cantarlo todo. Con una pequeña y justificadísima salvedad. Pero de eso hablamos luego. Casi cinco meses después de que los maños vistiesen por primera vez de directo los temas de Hacia lo salvaje, cinco meses después de aquellos cinco primeros carteles de ‘Entradas agotadas’, en la ciudad de la Alhambra tocaba poner fin a la primera parte de la gira. Y, para no romper la tónica general, sin una sola localidad disponible. Así que por eso, por Granada y porque era la última cita antes de un pequeño descanso y de algunos bolos más allá de nuestras fronteras, la noche -prometía Eva al inicio- iba a ser una fiesta.
No fue en lo esencial una noche diferente del resto. Los conciertos de presentación de Hacia lo salvaje han seguido todos un esquema muy parecido, con pocas variantes, con un objetivo muy claro: dar a conocer al público los nuevos temas. Y de paso, dar rodaje a una banda que, siete meses después de aquel primer bolo en Biarritz, ha recorrido mucho camino y deja muy buenas sensaciones.
Así que, siguiendo el guión habitual, la noche comenzó –con un cuarto de hora de retraso- al ritmo de Hacia lo salvaje y Esperando un resplandor. Y no hizo falta más para que las personas que abarrotaban el Palacio de Congresos de Granada se pusiesen en pie. Ganas desde luego no faltaban en la sala. Además de para dar las buenas noches, Eva aprovechó entre canción y canción para recordar que hace ya un buen número de años estaban fuera del recinto, en las escaleras, presentando los temas del único disco que tenían por entonces. “Seguro que sonó esta canción”, dijo como introducción a Un día más. Es difícil no alegrarse de que por fin se hayan decidido a recuperarlo con la banda. Es seguramente uno de los temas de su debut que mejor ha aguantado el paso del tiempo; en directo, además, tiene algo especial, con ese comienzo de Eva cantando a capela y un potente final instrumental, con la armónica y la batería y las guitarras sonando muy enérgicas. Una de las mejores noticias de la gira Hacia lo salvaje sin duda.
Se seguían alternando los temas nuevos con otros de sobra conocidos, con tiempo para momentos algo más reivindicativos -“Parece que vamos a tener que luchar por no ir hacia atrás en lugar de por ir hacia adelante”, decía Eva antes de que sonase Como un martillo en la pared - y otros más pausados, confirmando entre medias que hay temas que en directo alcanzan otro nivel. Y eso que en casos como el de Hoy es el principio del final parecía difícil. Entre los derroches de energía de un guión de sobra conocido, los momentos más destacables llegaron con Robin Hood, que Eva empezó sentada al borde del escenario y terminó paseándose por el patio de butacas, y con la única novedad de la noche.
Como en citas anteriores, se dejaron en casa la parte acústica del concierto; pero esta vez utilizaron el hueco para un guiño -más- a la Velvet Underground. Femme fatale sonó francamente bien y se benefició, además, de un silencio casi sepulcral, por única vez en toda la noche.
Y, a partir de ahí, vuelta a la senda conocida. En esta ocasión, eso sí, no hizo falta mucho ensayo de los coros de Van como locos: pequeño amago de Eva, para comprobar que el personal estaba preparado y marchando. De eso a una como siempre sensacional En sólo un segundo, entre la habitual sorpresa de buena parte del público cuando Eva comenzó a ‘jugar’ con el theremin. Y primera despedida.
A la vuelta, apuestas seguras: Kamikaze, Sin ti no soy nada y otra de esas que en directo crecen, Revolución, el último gran derroche de energía antes de –tras una nueva despedida- poner el punto y final, ya sí, como siempre, con la calma de Cuando suba la marea.
Ahora toca parón. Para hacer ganas, nosotros; para cargar las pilas y librarse de alguna molesta alergia, ellos. Pero a partir de abril, más. Y seguro que mejor. No parecen tener techo.
Palacio de Congresos de Granada (24.02.2012)
01. Hacia lo salvaje
02. Esperando un resplandor
03. El universo sobre mí
04. Un día más
05. Moriría por vos
06. Como un martillo en la pared
07. Hoy es el principio del final
08. Si las calles pudieran hablar
09. Estrella de mar
10. Montaña rusa
11. Riazor
12. Las puertas del infierno
13. No sé qué hacer con mi vida
14. Femme fatale
15. Robin Hood
16. Antártida
17. Cómo hablar
18. Olvido
19. Días de verano
20. Van como locos
21. En sólo un segundo
22. Kamikaze
23. Sin ti no soy nada
24. Revolución
25. Cuando suba la marea
Cortinones de terciopelo rojo, ornamentación clásica de pan de Oro, grandes lámparas de cristal envueltas en tul. Atmósfera teatral perfecta -en la que Amaral se inspiró para la puesta en escena de GN•DR-, todo a punto para el recital donde ese contacto visual con el público, que viene buscando el dúo, tenga lugar sin ningún tipo de obstáculo. Era su primera vez -tocando- en la histórica sala.
Las primeras palabras de Eva, después de los primeros temas, mostraban el agradecimiento a la organización por haber elegido la preciosa sala, que cuenta con una “ventana indiscreta” situada en los camerinos, desde donde los artistas pueden otear cómo está el patio antes de la función… Eva no se resistió a emular a Grace Kelly para comprobar que ahí abajo no quedaba ni un rincón vacío. Tuvo un emotivo recuerdo para Enrique Sierra y el que tildó de uno de los mejores grupos de la música española, Radio Futura.
Nada más comenzar la función nos percatamos de la total recuperación de Eva. A unas pocas horas del concierto en Huesca su garganta volvía a estar al cien por cien. Presentaron algunos temas de Hacia lo salvaje -sigue pendiente escuchar Riazor en este formato- alternando con clásicos, y siguiendo el guión, aunque ninguna sonó igual que en cualquier otro recital, entre los dos las renuevan, adornan con nuevos detalles constantemente, los acústicos se prestan a ello.
Quiero destacar, sin embargo, dos momentos puntuales que levantaron al respetable de manera especial y rompieron ese guión establecido. El primero cuando terminaba la versión corregida, aumentada y actualizada, con alguna variación en la letra que la hace más vigente todavía, y Aguirre quiso añadir un fragmento más, animándonos a los que grabábamos a subir a nuestros canales la improvisación, dejando claro que Youtube es un aliado, una herramienta que les sirve también para ir a buscar esos acordes estrenados “in situ”. El diálogo directo entre artista y seguidor en los locales de este tipo no es una novedad, sí lo es en cambio que ese diálogo lo inice Juan, que se mantiene siempre en un discreto segundo plano. Conclusión: tenemos 10:30 minutos de una espléndida e inédita Revolución en Versión Maxi Maxi Single (Eva dixit).
Y ¿cuántas veces habremos deseado, soñado con que nos regalen un bis improvisado -o dos, o tres, o los que quieran- además de los de rigor? Muchas. Verles salir de nuevo después de sonar Moon River, señal inequívoca de que la función ha terminado, se me antojaba ya imposible, y me sorprende en un grupo como ellos, con sus tablas y repertorio. No, en Barcelona no acatamos la norma, todos queríamos más. Nadie se movió de su sitio y nos dejamos las gargantas hasta que no tuvieron más remedio que volver, y nada menos que con Cómo hablar, que una espectadora les había pedido minutos antes. Emoción a raudales. Son de lo que no hay.
Llegar a Barcelona después de haberles visto darlo todo en Huesca, y encontrarte con un acústico de este calibre, con su habitual pero no menos sorprendente entrega, hace que recuerde porqué comencé a seguirles, y justifica todo lo que me queda por recorrer tras sus huellas.
La noche en que Amaral fueron Juan, Eva, Jaime, Toni y Chris, sin apellidos.
Efectivamente, y como ya vislumbró Eva un tiempo antes, Palma fue una fiesta. ¡Qué digo una fiesta, fue la fiesta! La calidez y la emoción se palpaba en el ambiente ya unos días antes del esperado concierto. Jaime G. Soriano y Toni Toledo parecían más expectantes que nunca, y es que lo estábamos, todos. Me es imposible hacer una crónica de este sueño, porque eso ha sido, un sueño. No sería objetiva porque para mí todo fue redondo, TODO, y más que redondo, fue MÁGICO. Así pues, simplemente comentaré la parte que afecte a mis sentimientos.
Primero de todo, la emoción invadía mi cuerpo solo por el hecho de que vinieran amigos de otras partes para arroparnos a Megg y a mí. Esta pequeña familia que hemos formado gracias a Amaral crece cada día más, y no hablo de número de miembros, sino de sentimiento. Quién aquí deba sentirse aludid@, decir que gracias por estos ratos, vividos y por vivir. Fue un placer inmenso compartir esos días de casa, música y turismo con vosotros, y ya ansío repetir. Fue precioso. Y me uno a lo que dijo Megg. El estar acompañada de familia y amigos que fueron para ver qué tiene Amaral que me produce tal felicidad, y salieron con ganas de venir con nosotras de gira, no tiene precio. ¡Al fin lo han comprendido, sí!
Siento que he tocado techo amaralianamente hablando J . Sé que siempre se superan, pero éste ha sido el súmmum para mí. Y de hecho, deseo que se superen, porque ya debe ser algo inimaginable… Pero a mí siempre me quedará ese momento mágico, que será sólo para mí y la gente que me rodeaba, y ahí se mantendrá. Estaban entregados al infinito%, el público respondió de una forma que yo jamás había visto, de pie desde el primer tema, cantando y bailando y la acústica era inmejorable. Y lo dicho, todos ellos, los 5, irradiaban felicidad por todos lados.
No hay mucho que añadir a las crónicas y críticas que ya han salido. He estado varios días callada, pero es que no tenía palabras. Igual que no las tenía Eva después del coreado “Sin ti no soy nada”, ni siquiera después de irse para el bis y reponerse un poco de la rebosante muestra de sensibilidad, pureza y humildad que dejó ver sin tapujos. Así es ella. Siento orgullo, mucho orgullo de seguirles. Y siento orgullo de que esos dos pedazo de músicos que son Jaime y Toni sean de mi tierra. Y aún sabiendo que Juan y Eva tienen dueño aragonés, esa noche les sentí más nuestros que nunca, fueron mallorquines. Lo dieron todo por y para nosotros. A mí me siguen faltando palabras, solo sé que me da miedo que pudiera no haber pasado en realidad, porque para mí… sigue siendo un sueño, del que no quiero despertar…
Son las once de la noche cuando salgo de la sala. Es una noche tibia, mucho menos fría de lo que cabría esperar de un doce de enero. Hay gente en manga corta charlando junto a la entrada y es que dentro sí que no hace ni pizca de frío: de eso ya se han encargado dos maños en estado de gracia. Ha sido una hora escasa; suficiente, eso sí, para la enésima muestra de que, sí, Eva y Juan con su banda suenan brutales, pero los dos solos con su guitarras llenan el escenario. De sobra. Eva canta, bromea, rasguea su acústica y empuña la armónica hasta quedarse literalmente sin aliento. Juan, como siempre, se queda en un segundo plano pero cada vez le tiene menos miedo a los coros y no se aleja demasiado del micro.
Que la gente venía con ganas ha quedado claro desde que Eva y Juan han pisado las tablas marcando el ritmo de All tomorrow’s parties en sus guitarras. Tan metido andaba él acompañando el tema de la Velvet que su compañera ha tenido que llamarle la atención. Venga, vamos a empezar.
Hacia lo salvaje ha roto el hielo, intensa, como siempre, logrando dejar a Eva casi sin aire. Quizá por eso, como contrapunto, para compensar, Montaña rusa suena –justo después- pausada, más tranquila, casi como un susurro, excepto cuando la maña decide gritar aquello de “No soy ninguna santa”. En anecdótico queda un pequeño problema técnico que apaga la guitarra de Juan escasos segundos durante los que lo único que se oye en la sala es la voz de Eva. Y la llena.
Es una noche de contrastes, en la que derroches de energía dejan paso a pequeños respiros; con momentos en los que es el público el que les canta a ellos su canción y otros en los que parece no haber nada más en el recinto a excepción de una guitarra y una voz. Y así, hay respuesta generalizada en Kamikaze y mucha atención en Si las calles pudieran hablar, esa canción sobre una chica que los maños conocieron, de la que dicen que todo el mundo creía saber mucho, pero que en realidad sólo ella y las calles tenían las respuestas.
Que Hoy es el principio del final es, de largo, de los mejores temas de Hacia lo salvaje, resulta cada vez más indiscutible. Casi irreconocible en la introducción, va creciendo, entre el enérgico rasgueo de Aguirre, la armónica de su otra mitad musical y la reacción de un público volcado. Prometía quedar como uno de los grandes momentos de una noche que rozaba su ecuador.
Por aquello de la alternancia, le toca el turno a un hit y entre las ganas que tiene el respetable de cantar y un pequeño lapsus de la maña, El universo sobre mí se convierte en un continuo coro de voces. Un poco después pasa casi lo mismo con Moriría por vos; el público se arranca a cantar cuando Eva aún anda lejos del micrófono y ella les deja seguir. Eso sí, no todo el mundo parece ponerse de acuerdo con la letra. Entre medias, además, ha quedado otro gran derroche de adrenalina en una canción que si aún no es hit, no tardará en serlo. Esperando un resplandor es energía en estado puro; es rabia, es desahogo. De regalo, clase previa: repaso de acordes.
Con dedicatoria para la expedición La Transantartika, que el día 9 cumplía con creces su objetivo de llegar a la Antártida sin asistencia externa -adelantándose 15 días a la fecha prevista-, llega el segundo corte de Hacia lo salvaje. Va quedando poco, pero lo que queda es ‘canela fina’. Así describe Eva los coros de Juan, mientras anuncia que se van a marchar ya, pero que para la última necesitan un poco de colaboración. Protestas y gritos, que traen consigo una promesa de la maña: si salen bien, igual cae alguna más. Siguiendo el guión habitual – “algunos de vosotros ya me habéis visto hacer esta tontería”-, empieza a explicar la mecánica. En el primer ‘oh oh oh, oh oh oh’ queda claro que es innecesario. Para cuando la srta. Amaral ha completado su explicación, no le queda más remedio que rendirse a la evidencia: “Yo creo que igual tocamos alguna más”. Risas, coros, bailes. Comunión total antes de una despedida que dura escasos segundos. Queda lo mejor. Algo más grave de lo habitual, empieza a sonar Revolución. Arranca tranquila pero no deja de crecer. Nos dejamos la voz proclamando que ‘Hoy es el día de la revolución’ y, justo cuando parece que el tema llega a su final, se transforma y acaba convertido en reggae. Juan cambia el ritmo; Eva pone los coros. Y aquello se alarga y en más de un momento cambia de tercio, y a Eva le da por demostrar que voz le sobra, como cuando canta En sólo un segundo o ataca el tramo final de Sin ti no soy nada en los directos. Y Revolución acaba durando casi el doble de lo normal. Nadie se queja.
Pero ahora ya sí que no hay nada más que rascar. Cuando suba la marea marca el final de cerca de 60 intensos minutos de buena música y simpatía a raudales. Y yo salgo de la sala y me encuentro una noche tibia. Y mientras emprendo el camino de vuelta a casa pienso que, funcionando así en acústico, a veces resulta demasiado fácil olvidarse de la banda.
1. Hacia lo salvaje
2. Montaña rusa
3. Kamikaze
4. Si las calles pudieran hablar
5. Hoy es el principio del final
6. El universo sobre mí
7. Esperando un resplandor
8. Moriría por vos
9. Antártida
10. Van como locos
11. Revolución
12. Cuando suba la marea
Texto, fotos y vídeo de ‘Hoy es el principio del final’:Cristina Moreno. Vídeo ‘Revolución’: franjmn1986.