Crónica: Elegancia al cuadrado

Escrito por user Megg el user 18 de noviembre del 2011

Monumental, elegante San Sebastián. El paseo hasta llegar al imponente e iluminado auditorio, con un mar embravecido mientras el Sol se esconde tras el Monte Igueldo, hace presagiar que la noche acabará incluso mejor. Imposible entrar en el recinto y no acordarse de Alfonso Sánchez Mostolac, omnipresente en ese puñado de canciones intemporales, sonando mientras la banda se prepara para el segundo asalto en Donostia, y una “multitud que impresiona” – dicho por Eva – toma asiento. Desde la quinta fila tengo una buena perspectiva. La emoción, elegancia y calidad del espectáculo de The Amarals será capturada. Desde niños a marchosas abuelas, jóvenes y no tan jóvenes, algunos nos reconocemos al ser reincidentes, todo un abanico generacional dispuesto de antemano a vibrar con ellos. Y no defraudan.

Abren la noche con la potente Hacia lo salvaje mientras una ovación les aclama y reclama fervientemente. Los chicos guapos de la banda la recogen, pero, ¿porqué no decirlo? La silueta de Eva -envuelta en la versión 2.0 de rico guipur, rematado con pedrería de azabaches- avanzando en la penumbra en último lugar, provoca una ensordecedora reacción, más si cabe, por parte del respetable. Esto va a ser una fiesta, no, será “beste bat” (otra más).

La rotunda Esperando un resplandor va en segundo lugar, después de las primeras palabras de Eva: “Gabon, Donosti!”. El calor del público se hace patente. Aguirre, a los teclados, introduce El Universo sobre mí – himno que provoca un suspiro general – con evidentes variaciones respecto a anteriores giras, nos lleva al pasado reciente, ese en el que ninguna emisora radioformulera se permitía el lujo de no radiarles… los tiempos han cambiado. La hasta ahora acústica Días de verano regresa en eléctrico y llega a todos los rincones del Kursaal entre palmas y alegría. Es la canción de Laia, siempre lo será.

Nueva intro para Como un martillo en la pared. Todo podría suceder, todo. ¿Sigo registrando o paro y me desmeleno con Hoy es el principio del final? Necesito a Laia para apoyarme, ella tira de mí, soy más indecisa a la hora de dejarme llevar… Suelto la cámara y abandono mi asiento al ver algunos espontáneos hacer lo mismo, nos miramos con complicidad, ya nos dirán si molestamos. El crescendo de esta canción anima la noche y cada vez somos más los que no aguantamos en las butacas. Sí, con los temas de discos anteriores el personal se revuelve, pero se hace evidente que Hacia lo salvaje se está colando ya en la vida de los allí presentes, algunas de las nuevas tienen coros generalizados y son celebradas en la presentación de las mismas.

Volvemos al disco que les catapultó directamente de los garitos a los grandes recintos. Y no podía faltar el homenaje a ese mar que inspiró a Juan. Esa estrella que no les ha abandonado… Estrella de mar. El maestro Aguirre debería salir más de noche y traerse piezas del calibre de Riazor (Eva dixit) -. Le sienta bien la nocturnidad. Intensísima interpretación por parte de la incontestable frontwoman.

Trío de ases, Las puertas del infierno y No sé qué hacer con mi vida una descarga brutal de rock en estado puro y estalla el Big Bang. Mini-set acústico… reponemos fuerzas. ¿El Mundo al revés? No. Nos sorprenden – a mí cambiando la cinta a la cámara, es lo que tiene la analogía – con la revisitación de Biarritz. Aguirre toca la guitarra, pero no una acústica cualquiera: la Guild de 12 cuerdas suena cristalina en un nuevo y triste punteado, de ritmo diferente. La dolida voz de Eva: un bellezón. Lágrima al canto.

Es extraño no tener al lado a Laia, y la extraño. En cambio comparto el concierto con un espectador que lo ve todo con otro prisma, alguien que sin declarase “fan” y sin haber escuchado el disco previamente, no ha querido perderse las dos citas con el grupo. Se convierte, según él, en observador por partida doble: en frente, el enérgico y entregado espectáculo de la banda, y a su lado una feliz receptora que intenta canalizar sin éxito esa energía, derramándola a borbotones, salpicándole inevitablemente.

Iñaki se enamora de Robin Hood la noche del 12 , y la paladea otra vez el 13, para quedarse con muchas ganas de escucharla en versión de estudio. Del directo al disco, a la inversa, exactamente la misma idea con la que Eva y Juan encararon la preparación de este trabajo. Eva se sale del guión una vez más, rompe sorpresivamente la barrera que separa habitualmente el público del artista y camina hacia la luz por los pasillos del Kursaal. Suena Antártida. Todavía no he visto bajar a Juan, y me consta que lo ha hecho. Esperaremos.

Cómo hablar es identificada en un microsegundo, no puedo estar sentada, el patio de butacas corea el himno de principio a fin bajo la atenta y emocionada mirada de Eva. Todos en pie. Un escalofrío recorre mi cuerpo. Es mi canción, siempre lo será. Quiero capturar el momento -con peligroso lagrimeo- desde el escenario a la última fila de auditorio, el feedback total, la dulce rendición a una banda que suena cada vez mejor, con tres fichajes de lujo, a los que se ve disfrutar de lo lindo acompañando al dúo. Se percibe la sintonía, respeto mútuo, y las tablas de cada uno de ellos. Ingredientes de sobra para que esto funcione.

Apenas dejan introducir Olvido. El maestro Jaime García Soriano a los teclados, Aguirre y él, pluriempleados. Y entran en escena los Bee Gees y el Orfeón Donostiarra, ¡menudo cóctel! Todos a una en el Kursaal entonando Van como locos.

Tregua necesaria para retomar los bises con En sólo un segundo. Instantes cómicos tras romperse uno de los “tubos psicodélicos”. No pasa nada, unas risas y comienza el que muchos piensan es uno de los mejores temas que han escrito los Amaral. Lo disfruto.

Kamikaze es el disparo que lejos de abatirnos nos levanta de nuevo y definitivamente hasta el final de la noche, que se está acercando ya. Dos himnos más, el primero consagrado: Sin tí no soy nada. Y el segundo, al tiempo: Cuando suba la marea, que nos ayudan a coger el aliento. Nos hará falta. Se van.

Pero queda “beste bat”, el trallazo final provoca la Revolución de un grupo de seguidores que de repente se encuentran cantado con la mismísima Eva abrazada a ellos y saltando en un círculo cerrado… algunos ni siquiera cantan, solo gritan incrédulos. Dos noches, dos, en el Kursaal. Elegante el continente y elegante el contenido. Amaral, elegancia al cuadrado.

Texto y vídeos: Megg.
Foto: EFE.

5 personas han comentado

  1. cabecitaloca dice:

    MUCHÍSIMAS por este GRANDÍSIMO REGALO MEGG. ¡¡¡GRANDÍSIMA CRÓNICA!!!. AHORA VIENE LO MEJOR, SABOREAR ESOS SENSACIONALES VÍDEOS QUE HAS COMPARTIDO CON TODOS LOS ANTÍLOPES.

    cabecitaloca.

  2. Jorge dice:

    Genial crónica, Megg ;)

  3. pep dice:

    Buenos días, hoy domingo me levanto temprano, para variar y veo en la web oficial Amaral que aparece la portada toda llena de subrayados y tachaduras, ¿es eso normal? o un ciberataque en dicha web, pero
    como voy a ponerme al día me leo también la web de jorge y me doy un festin de luz y de conocimiento, gracias jorge por el esfuerzo.

  4. Jorge dice:

    Supongo que te refieres a la primera entrada que aparece, ¿no? Eso es porque el concierto ya ha sido y lo han tachado con ese significado.

    Gracias por tus comentarios acerca de esta web.

    ¡Saludos!

  5. Megg dice:

    @pep: Ví lo que mencionas de la web, aparecía todo tachado, de arriba a abajo, finalmente se arregló y sólo quedó así el fragmento que anunciana que podías ver en directo el “desconcierto”, caducado ya.

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