
A falta de apenas un día para la salida del disco, Amaral está en plena ebullición: entrevistas, fotos, acústicos… Y en ese mismo estado de ebullición estábamos todos los presentes en el Teatro Monumental de Madrid el sábado 24 de septiembre. Teníamos cierto nerviosismo desde que enviamos el e-mail para asistir a esa entrevista-concierto mientras esperábamos confirmación. Iba a ser algo diferente, o al menos para nosotras, que nunca hemos asistido a un programa de radio, y menos con Amaral de invitado. Además, disfrutamos enormemente tanto de escucharles cantar como de saber qué piensan. Un lujo poder ser parte de ello. Y sí, nos confirmaron, sacamos pasajes y a volar de nuevo, destino: Amaral.

Fueron 24 horas fuera de casa, suficientes para quedarnos con muy buen sabor de boca hasta la próxima ocasión, en este aperitivo pre-gira. En cuanto llegamos a Madrid, nos dirigimos al Monumental, donde habíamos quedado en vernos con más gente habitual de los foros y webs, ya buenos amigos. Nos encanta la espera previa a los conciertos, las charlas en las que nos ponemos al día… el tiempo pasa rápido. Todo fue genial y muy organizado, y la cola se iba haciendo enooorme a medida que se acercaba el momento.

El teatro en sí no destaca por su belleza, pero la acústica es muy buena, se notó enseguida al actuar. Una vez dentro, y antes de estar en el “aire”, los presentadores del programa se dedicaron a charlar con la gente del público, bromear y hacer cachondeo. Hicieron fotos a los presentes, venidos de todas partes, y las colgaron en su web al instante. Todo estaba muy iluminado y nos veíamos todos, pero a quién teníamos ganas de ver era a Juan y Eva, que a eso de las 00.10 subieron al escenario. Saludaron al público que les ovacionábamos, a la presentadora y colaboradores (Eva besó a todos ellos mientras Juan ya se colocaba la guitarra) y se dispusieron a cantar en los taburetes habilitados a la derecha del escenario. Abrieron con Hacia lo salvaje, que sonó suave en ese formato acústico, pero rotunda como siempre. Sonrieron al escuchar los aplausos que acompañaban al uhuhuhuhuh, y Juan obvió ese acorde que sí suena en la acústica oficial. Seguidamente se unieron a la mesa, que estaba situada a la izquierda del escenario, lo que daba un muy mal ángulo de visión a los que estábamos a la derecha. Aún así, lo importante era escucharles, y eso sí lo hicimos todos, muy calladitos y atentos. Bromas constantes, risas y muy buen ambiente se respiraba en esa mesa. Todo lo que se dijo está en los podcasts, así que no nos pararemos aquí. Solamente decir que la entrevista no profundizó demasiado en el nuevo trabajo, podrían haberle sacado más jugo.

Juan estaba especialmente pletórico, riéndose todo el rato (incluso mientras cantaba se contenía la sonrisa en algunos momentos), hablador, y muy pendiente de Eva (que por cierto estaba guapísima con ese brillante vestido negro, botines y su trenza ladeada que tan preciosa le queda).
Los siguientes temas que sonaron fueron (por este orden) Antártida (siempre sublime, ¡quina veu!, ¡qué voz!), Cuando suba la marea, Si las calles pudieran hablar (con el tono más bajo que la primera vez que la escuchamos en La palma) y Revolución (creemos que no tenían previsto tocar otra, porque hacían gestos a los presentadores como para asegurarse. Juan propuso a Eva tocar ese tema, y ella aceptó). Increíble como el público seguía tan quietecito en sus butacas… de hecho mi vídeo (Laia) se mueve tanto porque involuntariamente me levantaba de la silla y me volvía a sentar al ver que nadie lo hacía. Al final sí gritamos Revolución a todo pulmón y la cosa se animó. Hasta Eva se sorprendió y agradeció haciendo gesto con el pulgar. Juan le indicó el final y ella cantó la última frase con unas notas diferentes (nunca me (a Laia) deja indiferente esta canción, siempre me toca de alguna manera… aiss).

Pero lo mejor de todo fue, sin duda, al terminar el programa, cuando uno de los colaboradores dijo, para nuestro gozo: “y ahora vamos a dar un poquito de envidia a los que están en casa porque igual nos quedamos y tocan otra, pero vosotros ya no la oís”. ¡Fue el delirio! Algunos de nosotros abandonamos los asientos para precipitarnos a los pies del escenario… No teníamos ni idea de qué iba a sonar… y empezaron los acordes de Montaña rusa, flipante en acústico, el público aplaudía como loco; después de deshacer el lío de cables con la ayuda de Sergi, Eva se acercó al borde del escenario para cantar junto a los seguidores enfervorizados. ¡Cómo disfrutaban ellos! (¡y nosotros y los del programa!). Al acabar pedíamos otra, Eva miró a los presentadores buscando aprobación y avisándonos de que tal vez el teatro debía cerrar ya sus puertas. Alguien les tiró flores del ramo que engalanaba las tablas… tal la euforia ahí abajo. “¡Otra, otra!”, gritábamos, no queríamos que aquello terminara… ¡y qué otra! Kamikaze, un magnífico final para una magnífica noche. Si nos fijamos en la ovación final, cualquiera diría que acababan de ofrecer un concierto de 28 canciones… Emocionados ellos y nosotros.

Juan y Eva flanquearon a los miembros del equipo del programa, en un abrazo conjunto, para despedirse del enloquecido respetable. Pero Eva no se marchó en esa despedida, se quedó unos minutos más, los suficientes para atender a los seguidores que la reclamaban, regalando púas, estrechando manos, recibiendo regalos, agasajada por los fans. Y Juan se despidió lanzándonos un beso con la mano.
Más tarde tuvimos la ocasión de charlar un poquito con ellos, se prestaron a hacerse fotos y firmas, y cómo no, les agradecimos la velada. Pasadas ya las tres de la madrugada, caminamos calle abajo, de vuelta a casa, con una sonrisa en la cara. Pero las alegrías no terminaron ahí.
Sacamos de la cama a Gatinha, que nos llevó al aeropuerto. Estos amigos de Madrid nos tienen malcriadas… Después de una apacible travesía, en la que en vez de echar una cabezadita –habíamos dormido apenas cuatro horas- no dejamos de visionar lo capturado en el Monumental, aterrizamos en Son Sant Joan. Al encender nuestros móviles nos entró un sms. Era de Cris, una amiga de Zaragoza que nos mandaba una foto del Heraldo de Aragón, de ese mismo día… Cuando con el zoom pudimos leer las columnas de texto nos quedamos perplejas. ¡No salíamos del asombro! Abrumadas, taquicárdicas, desconcertadas, contentas y agradecidas, en ese orden…

Matías Uribe nos instó a que si se nos ocurría algo qué preguntar, y en caso de que se terciara en el transcurso de la entrevista, hacerles algunas de esas preguntas a Eva y Juan… ¿algunas? Le mandamos mil por lo menos… Pero creíamos que si finalmente les transmitía nuestras incógnitas quedaríamos en el anonimato. Tremenda sorpresa nos llevamos, tremenda. Un efecto colateral amaraliano más, pero especial para nosotras, muy especial.
Arranca el viaje hacia lo salvaje, y parece no tener freno.
¡Nos vemos en breve!



(CC) 2007-2012
Genial Jorge!! Y buena elección de fotos, me encanta la que Eva mira hacia arriba y Juan la mira a ella
La próxima semana seran 3 días de amaralismo para nosotras, ya iremos contando
Muchas gracias por la cronica.
Estoy de acuerdo en que Juan esta especialmente ¿hiper-activo?¿”enchufado”?, vamos ¡genial!… quiza un poco en contraposicion al concierto del Cafe La Palma donde estaba mas retraido… lo que le costo lanzarse a cantar.
Un saludo. Kevin
Una crónica estupenda, muchas gracias